Podología

Pie diabético, cómo cuidarlo día a día

Pie diabético, cómo cuidarlo día a día

Hay una frase que oímos mucho en consulta: "si no me duele, es que no pasa nada". Con diabetes, esa frase se da la vuelta. Precisamente porque duele menos de lo que debería es por lo que hay que mirar los pies todos los días. Una rozadura que en cualquier otra persona avisaría, aquí puede pasar desapercibida hasta que se ha complicado.

Este artículo es una pauta concreta de qué hacer en casa. Sirve tanto si tienes diabetes como si cuidas de alguien que la tiene, que es una situación igual de frecuente.

Por qué un pie con diabetes se cuida distinto

Con el tiempo, la diabetes mal controlada puede dañar los nervios de las piernas y los pies —lo que se llama neuropatía— y reducir el riego sanguíneo de la zona. La combinación es incómoda: por un lado notas menos, por otro cicatrizas más despacio.

Una herida que no avisa y que además tarda en cerrar es la puerta de entrada a problemas más serios, como úlceras o infecciones. Revisar el pie a diario es la forma más barata y más eficaz de coger eso a tiempo. Y hay que hacerlo aunque no haya ningún síntoma todavía, que es justo cuando más sirve.

Esto no sustituye a nada de lo que ya haces con tu médico o tu endocrino. El control de la glucemia sigue siendo lo principal; esto es la parte que le toca al pie.

Los dos minutos de cada día

Elige un momento fijo, mejor si es siempre el mismo: al acostarte, al ducharte, da igual. Lo importante es que sea automático. Si te cuesta ver la planta, usa un espejo en el suelo o pídele a alguien que le eche un vistazo. No es una tontería, es la parte que más se escapa.

Qué mirar en la piel

Busca heridas, rozaduras, ampollas, grietas, durezas o cambios de color. Presta atención especial entre los dedos, que es donde una herida pequeña puede pasar más días sin que nadie la vea.

Fíjate también en la temperatura y el color: una zona más caliente que el resto, o más fría, o con un tono azulado o muy pálido, merece que la vigiles de cerca.

Qué notar en la sensibilidad

Aquí lo que buscas es un cambio respecto a lo habitual: hormigueo, adormecimiento, o al revés, notar menos el tacto o la temperatura del agua. Suele ser progresivo, así que lo que importa no es cómo está hoy sino si está distinto de hace unos meses. Cuanto antes se detecta, más margen hay para ajustar los cuidados.

Lavado, hidratación y uñas

  • Agua templada, nunca caliente. Con la sensibilidad reducida es fácil quemarse sin darse cuenta. Si tienes dudas, comprueba la temperatura con el codo o con la mano.
  • Secar bien, sobre todo entre los dedos. La humedad ahí favorece los hongos.
  • Hidratar a diario, pero no entre los dedos, por lo mismo.
  • Cortar las uñas rectas, sin apurar las esquinas, para no favorecer una uña encarnada.
  • Nada de callicidas ni de cuchillas para quitarte durezas por tu cuenta.

Para el corte de uñas y las durezas es preferible ir al podólogo antes que a un centro de estética sin personal sanitario, sobre todo si ya hay pérdida de sensibilidad. Si tienes buena vista, buena sensibilidad y ningún antecedente de heridas, puedes cortarte las uñas tú mismo con cuidado; si falta alguna de esas tres cosas, mejor que lo haga alguien con formación clínica.

El calzado y el calcetín

  • Zapato cerrado, de horma ancha y sin costuras interiores que rocen.
  • Mira dentro del zapato antes de ponértelo. Una piedrecita o un pliegue de la plantilla no los vas a notar, y ahí empieza más de una herida.
  • Calcetines limpios cada día, sin costuras gruesas y sin goma que apriete.
  • Zapatos nuevos, poco rato al principio y revisando el pie al quitártelos.
  • No andes descalzo, tampoco en casa.

Cuándo no esperar

Si aparece cualquiera de estas señales, pide cita cuanto antes. No esperes a la revisión que ya tenías puesta.

  • Una herida, ampolla o grieta que no mejora en un par de días.
  • Enrojecimiento, calor o hinchazón en una zona concreta.
  • Cambios de color: zonas pálidas, azuladas o muy oscuras.
  • Secreción, mal olor o fiebre asociada a una herida.
  • Dolor que aparece de repente. O justo lo contrario: una zona que has dejado de sentir.

Si cuidas de otra persona

Si el que tiene diabetes es tu padre, tu madre o tu pareja, tu papel es más importante de lo que parece, porque tú sí puedes ver la planta del pie sin contorsiones y tú sí vas a notar un cambio de color.

Dos cosas que ayudan mucho: incorporar la revisión a algo que ya hagáis juntos, para que no dependa de acordarse, y hacer una foto con el móvil de cualquier cosa que te llame la atención. Tener la foto de hace una semana es la mejor forma de saber si algo está yendo a mejor o a peor.

Qué hacemos en una revisión en consulta

Podóloga sentada junto a una paciente en la consulta, explicándole los resultados de la revisión del pie

En una revisión de pie diabético se valora la sensibilidad con monofilamento, se comprueba la circulación y se revisa el estado de la piel y de las uñas. Con eso se clasifica el nivel de riesgo de cada pie, que es lo que marca cada cuánto conviene volver.

Esa frecuencia varía bastante: puede ir de una revisión al año en los casos de bajo riesgo a cada pocas semanas si ya hay pérdida de sensibilidad o antecedentes de heridas. No es una cifra fija, la ajusta el podólogo según tu caso.

Si ya hay una herida, se trata y se hace seguimiento hasta que cierra. Cuanto antes se coge, más sencillo suele ser.

En podología y en los estudios de la pisada trabajamos con convenio de DKV, por si te aplica.


Es información general y no sustituye una valoración individual ni el control de la diabetes con tu médico.

Hacemos revisión y cuidado del pie diabético en Madrid en Av. de la Reina Victoria 60, en Chamberí, junto al metro de Guzmán el Bueno y Cuatro Caminos, de lunes a viernes de 10:00 a 20:00. Pide tu cita.

Madrid no
se detiene

La vida es movimiento.
Cuida el tuyo.

Reservar cita